El dinero puede convertirse, y suele serlo, en uno de los principales problemas de los jóvenes. Estás entre los 25 y los 30 años, hace escasos años que has salido de la Universidad y te enfrentas a tu primer trabajo ‘serio’ y pagar las facturas a final de mes se ha convertido en todo un reto. Y si además, nos planteamos contar con un colchón de emergencia, el reto se convierte casi en una lucha de titanes. Hoy en este post de Minimalismo y Frugalidad queremos darte unos tips fáciles de seguir y aprenderás:

  1. Cómo gestionar tus finanzas personales
  2. Por qué el presupuesto mensual no es el mismo para todas las personas
  3. Cuánto ahorrar para emergencias

Muchos jóvenes entre los 20 y los 30 años consideran las finanzas como una asignatura pendiente y administrarse les resulta estresante y confuso

Cada vez son más los jóvenes que han tenido que emigrar de su lugar de nacimiento para encontrar un futuro mejor, en ocasiones, con el objetivo de vivir del trabajo de sus sueños, no obstante, el camino hasta éste no es precisamente uno de rosas y terminan desempeñando trabajos que no les apasionan pero les permite tirar del carro. ¿Por qué nuestra protagonista no decide realmente perseguir sus sueños? La gran mayoría, porque no saben cómo administrar sus finanzas. Y es que, la educación financiera, es una de las asignaturas asignaturas pendientes en el sistema educativo español.

Finanzas para millenials: si eres de la generación Y, ¡piérdele miedo al dinero!

Ser capaz de administrar bien tus finanzas marca la diferencia entre una vida repleta de oportunidades o una vida frustrada. Tal vez es un poco catastrofista pero piénsalo: si no eres capaz de gestionar tus finanzas correctamente, es cierto, tendrás para pagar el alquiler del piso pero, ¿podrás planificar un viaje? ¿una compra de urgencia? ¿podrás darle lo mejor a tus hijos? Serás una persona obligada a posponer experiencias que te apetece hacer porque te dedicas a pagar las facturas mes a mes, sin capacidad de planificación ni de ahorro.

Pero creéme que para mejorar tu relación con el dinero no necesitas complejas hojas de cálculo de Excel, sólo necesitas dar pequeños pasos que supondrán un verdadero cambio.

Encuentra los obstáculos que te impiden ser más libre

La gestión de las finanzas personales no parece física cuántica. Al final, aferrarse a un presupuesto y ser capaz de ahorrar para cuando llegan las vacas flacas, parece algo bastante fácil. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto?

Todo esto responde a que tenemos comportamientos compulsivos que no responden a la razón. ¿Cuál es tu punto de partida sobre las finanzas personales? Te animo a que respondas estas preguntas en un papel, solo así serás consciente:

  • ¿Cómo conseguiste tu primer ingreso? (Por ejemplo, tenías una paga o hacías trabajitos los fines de semana como ser canguro, dar clases de repaso o ejercías de monitor de alguna actividad extraescolar)
  • ¿Qué tipo de cosas compraste con esos ingresos?
  • ¿Hablabas con tus padres sobre tus ingresos y la gestión de éstos?
  • ¿Cuáles son tus principales preocupaciones financieras hoy?

Si revisas las respuestas, podrás hacerte una idea de cómo es tu mentalidad financiera. ¿Te preocupa quedarte sin dinero y tener que tirar de una tarjeta de crédito? Si con 25 años sigues dilapidando dinero como cuando eras un adolescente de 16 años, estás en un círculo vicioso del que debes salir urgentemente.

CLARIDAD y TRANSPARENCIA sobre estos problemas son la clave para tomar acciones que te permitan corregir tu actitud con las finanzas personales.

¿Dejar de usar la tarjeta o ser consciente en qué gastas cada céntimo?

Ya he comentado anteriormente que no hay una fórmula mágica que nos permita a todos tener una gestión financiera maravillosa. Precisamente, por una cuestión de actitud: cada persona tiene una actitud diferente con el dinero.

Empecemos con dejar de usar la tarjeta de débito/crédito. ¿Por qué querría alguien pasarse a un método tan vintage como pagar todo con billetes y monedas en plena era digital? ¡Si ahora puedes pagar hasta con un reloj inteligente! Bueno, pues hay dos buenas razones:

Diferentes investigaciones han demostrado que se gasta menos cuando pagas con billetes y monedas que deslizando la tarjeta (o acercando el móvil) a un datáfono. Y si tu banco te cobra por la tarjeta de débito/crédito, te puedes ahorrar la cuota anual de la tarjeta y ahorrarte ese dinero.

Puede que pienses que la transición de “todo-con-la-tarjeta” a pagar todo con efectivo puede parecer complicada pero, créeme si te digo que no es tan complicado como supones. Te recomiendo que dividas tu presupuesto mensual en fracciones semanales. Esto te ayudará a llevar un registro de todos tus gastos. Recomiendo que, además de los gastos domiciliados que tengas en tu banco, dejes un colchoncito para gastos imprevistos.

Otra manera de administrar tu presupuesto mensual es CONTABILIZAR todos los gastos en una hoja de cálculo. La idea es tener una columna con la fecha, el gasto y el coste total, sí, total. Con todos los céntimos incluidos. ¿Extremo? Efectivo si eres una persona que se pregunta a dónde va tu dinero mes a mes.

Este método te permite encontrar gastos hormiga de los que ya hemos hablado anteriormente y poder redirigir esos gastos a cosas más productivas.

Un presupuesto realista para llegar a tus metas

Sé consciente de tus finanzas personales para llegar a tus metas. Finanzas para millenials y gente joven.

Generalmente, decimos que nuestros ingresos pagan: costes fijos como el alquiler (o la hipoteca), metas de ahorro (para un máster, un viaje o la adquisición de tu primera vivienda) y el gasto corriente. En un mundo ideal, aportarías el 50% de tu salario a los costes fijos, el 20% al ahorro y el 30% al gasto corriente.

Pero, tal y como están los precios de los alquileres y nuestros salarios, ¡está difícil! Pero eso no significa que no debamos hacer presupuestos mensuales con porcentajes, sino que debemos trabajar para alcanzar el ideal.

Eso sí, sin importar qué circunstancias tienes en la actualidad, te recomiendo que los porcentajes de cada categoría se mantengan en una proporción razonable. Por ejemplo, no es recomendable destinar el 60% de tus ingresos a gastos corrientes, un 35% a gastos fijos y sólo un 5% a ahorro a largo plazo. ¡ERROR!

No uses tarjetas de crédito si no tienes claras tus deudas cada mes

Las tarjetas de crédito son una manera fácil de conseguir dinero más allá de tus ingresos. Pero ojo, no es dinero gratuito. El banco (o la entidad de crédito) te la está prestando con un precio: la tasa de interés y que pagas con cada facturación de la tarjeta de crédito (si bien, el momento del pago de los intereses puede diferir según el banco).

Si decides embarcarte en la contratación de una tarjeta de crédito, lo mejor es que no aumentes el crédito disponible por encima del excedente mensual y paga la factura de la tarjeta de crédito CADA MES.

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